La democracia interna en el PCE

El artículo 18 de los Estatutos del PCE hace referencia a la democracia interna que, junto con la disciplina consciente, convincente y de clase, y la unidad de acción, conforman la triada del centralismo democrático

Extraído de Hojas de Debate

Desde un punto de vista estatutario  la democracia interna se configura por la libertad de expresión, el debate colectivo, la crítica y la autocrítica, la rendición de cuentas, la revocabilidad de todos los cargos y la dirección colectiva. El artículo 19 de los Estatutos señala que la democracia interna abarca «tanto la toma de decisiones como la aplicación de los acuerdos adoptados», que «deben ser el fruto de la más amplia y libre participación de la militancia en el debate de abajo arriba y de arriba abajo».

Por último, el artículo 1.7 indica que la fuerza del Partido se basa esencialmente «en una correcta orientación política, en la cohesión ideológica, política y orgánica, en la actividad organizada de sus militantes, en la democracia interna y el trabajo colectivo, en su profunda vinculación a los trabajadores y las masas populares y en el activo apoyo que de unos y otros reciben». En el Documento Organizativo del XX Congreso del PCE leemos: «De cara a la democracia interna y a la efectividad del PCE, es necesario implementar tanto el ejercicio de la Crítica y la Autocrítica, de una forma honesta y fraterna, en todos los niveles, como la rendición de cuentas, principio general que rige la democracia interna en el más amplio sentido leninista de la expresión, tarea clave y obligatoria para el correcto funcionamiento del Partido que ha de funcionar de arriba abajo y de abajo arriba».

Recomendamos el tratamiento dado a este tema en el libro “EL XX CONGRESO DEL PCE, ¿UN CONGRESO ESPECIAL?” de Miguel Medina Fernández-Aceytuno.

Por otro lado, Álvaro Cunhal secretario general, entre 1961 y 1992, de un más que probado partido leninista, el Partido Comunista Portugués, expuso en el libro “Un Partido con paredes de cristal” su valiosa experiencia al resaltar que “el contenido real de la democracia interna tiene que ser más rico y profundo que los principios y normas estatutarias. Democracia debe significar una intervención efectiva de las organizaciones de base y de los miembros del colectivo en el examen de los problemas y en la elaboración de la orientación partidaria.Todos los miembros del Partido tienen el derecho de expresar y defender su opinión en el organismo al que pertenecen, pero nadie tiene derecho a sobreponer o querer sobreponer su opinión individual a la opinión del colectivo, a la opinión de su organismo u organización, a la opinión de su Partido. Democracia interna para decidir y en la que se debe apoyar el centralismo para actuar”.

Centralismo democrático

Siguiendo conel libro “EL XX CONGRESO DEL PCE, ¿UN CONGRESO ESPECIAL?” de Miguel Medina Fernández-Aceytuno, el centralismo democrático es la columna vertebral de la organización del Partido Comunista. Nos indica la forma en que la militancia comunista se organiza para cumplimentar sus principios y su programa político aprobados en el XX Congreso del PCE, que es el órgano supremo de la organización según indica el artículo 52 de los Estatutos.

El centralismo democrático también sienta las bases de los derechos y obligaciones de los miembros del Partido Comunista y las consecuencias que acarrean cuando esta se aparta de la legalidad partidaria.

Es por tanto muy importante disponer de una idea clara acerca de este concepto fundamental en la vida partidaria.

Los Estatutos del PCE regulan el centralismo democrático en el Título IV «Normas generales de funcionamiento» y que abarcan los artículos 18 a 27 de aquellos. Pero también en el llamado «Documento organizativo aprobado en el XX Congreso», que incluye criterios rectores que vienen a dar contenido concreto al centralismo democrático estatutario.

Dice este documento en su primera página y en su primer párrafo: “El principal reto al que nos enfrentamos tras los acuerdos del XX Congreso es el de construir un modelo de Partido en el que el leninismo se plasme de verdad en nuestros principios organizativos y en el funcionamiento del PCE. Un Partido en el que los acuerdos de la mayoría son vinculantes para toda la organización tras el debate democrático y al margen de las posiciones previas al mismo.”

La forma en que se define el centralismo democrático varía según las circunstancias sociales, económicas y políticas del entorno en donde tiene presencia el Partido Comunista. En condiciones de clandestinidad, es evidente que el centralismo democrático se plasmará y se aplicará de manera diferente a como se hace en un espacio de libertad política en la que el Partido se encuentre legalizado. También variará en función de la propia situación interna por la que atraviese la organización comunista.

En una situación de clandestinidad, es lógico que la democracia interna se restrinja por motivos de seguridad para poder hacer frente a las agresiones de la policía política. En un marco de legalidad, en cambio, la democracia interna debe ser un elemento consustancial que, junto a la disciplina consciente, convincente y de clase, y al principio de unidad de acción, configuran de manera equilibrada las bases sobre las que descansa el centralismo democrático. 

Y aun en la clandestinidad impuesta por un régimen dictatorial, la democracia interna sigue teniendo un valor de extraordinaria importancia para la buena organización y el funcionamiento del partido comunista.

Principios y práctica del centralismo democrático

Como explica Álvaro Cunhal en su libro [1], el centralismo democrático comprende “Elección de todos los organismos dirigentes del Partido, de la base a la cima. Obligatoriedad de que los organismos dirigentes rindan cuenta regularmente de su actividad a las organizaciones respectivas y presten la máxima atención a las opiniones y críticas que éstas manifiesten o hagan. Sometimiento de la minoría a la mayoría.Carácter obligatorio de las resoluciones e instrucciones de los organismos superiores para los inferiores y la obligatoriedad para estos de informar su actividad a los organismos superiores.La disciplina rigurosa en el cumplimiento de los principios orgánicos y disposiciones estatutarias del Partido y la prohibición de la existencia de fracciones o de cualesquiera actos fraccionistas.

La observancia formal de los principios básicos del centralismo democrático definidos por Lenin, no define por sí sola el funcionamiento orgánico del Partido, la verdadera relación entre la Dirección y la base, y mucho menos el estilo de trabajo ya que la correlación entre centralismo y democracia varia a lo largo de la vida del Partido según las condiciones concretas en que se desarrolla la lucha. Varia también por factores de orden subjetivo; especialmente por los criterios, orientaciones y estilo de trabajo de los organismos dirigentes: por ejemplo, puede haber un proceso sistemático de adopción de las decisiones por mayoría y minoría, que sin embargo refleje graves conflictos internos; o puede haber una adopción establecida en el debate profundizado de opiniones convergentes que no llega a exigir ninguna votación.”

Democracia, divergencias y crítica

Álvaro Cunhal, nos sigue ofreciendo elementos de referencia y también para el contraste entre la experiencia del PCP y la del PCE al señalar que: “El pleno derecho de los militantes de manifestar en el organismo al que pertenecen sus opiniones, eventualmente divergentes, hacer críticas, presentar propuestas, es un rasgo importante de la democracia interna. Pero la verdadera democracia en el Partido excluye que las diferencias de opinión cristalicen en grupos de camaradas, en torno a tal o cual idea, o a tal o cual inspirador o instigador de la divergencia. La prohibición de formar fracciones y tendencias organizadas dentro del Partido es un principio que respeta la unidad y la disciplina. Y también respeta la concepción de la democracia”. 

Sin embargo, también puede influir la experiencia concreta, lo dicho se corresponde con la del PCP, pero para la del PCE, dadas las serias discrepancias que han existido, la democracia partidaria no debe estar reñida con la existencia de plataformas de opinión que incentiven el debate interno en la organización mediante la crítica constructiva y la aportación de nuevas alternativas de trabajo partidario que contribuyan a una verdadera y eficaz democracia interna promoviendo la más amplia y libre confrontación de opiniones.

Así lo atestigua la experiencia bolchevique, la concepción leninista del centralismo democrático se desarrolló, porque así lo exigía la realidad partidaria, al calor de la existencia de corrientes y tendencias.  LENIN decía en la Carta a la Redacción de «Iskra» (O.C. tomo VII, pag. 125) ………»es necesario, a nuestro juicio, hacer todo lo posible – llegando incluso a ciertos apartamientos de los bellos esquemas del centralismo y del sometimiento incondicional a la disciplina— a fin de conceder la libertad de manifestarse y dar a todo el partido la posibilidad de sopesar la profundidad o insignificancia de las discrepancias, de determinar dónde , en qué y en quién precisamente se observa inconsecuencia.“

Todo ello para evitar que se vea arrastrado al abismo el único instrumento que ha creado la historia para hacer de la clase obrera una clase para sí : el pensamiento marxista y el partido que lo convierte en fuerza material. 

Mayoría, consenso, unanimidad

Nos sigue señalando Álvaro Cunhal que : “Si el sometimiento de la minoría a la mayoría es entendido como una forma simplificada de decisión y de disciplina, acaba por ser, no una regla democrática y una práctica democrática, sino un proceso burocrático que falsea groseramente la democracia interna. En la decisión por la mayoría, la votación en sí no es lo fundamental. Lo fundamental es conformar una opinión colectiva, mayoritaria, cuando no puede ser unánime. Si existe un verdadero trabajo colectivo no es necesario, salvo casos excepcionales, que se proceda a una votación. La opinión colectiva resulta con naturalidad del propio debate, como consenso.”

Finalmente, otra cuestión que puede ser necesario abordar, es la del voto secreto. Pudiendo plantearse  “previendo situaciones indeseables en que, por la opción declarada, pueda derivarse para la militancia una censura condenatoria, o por la existencia de profundas divergencias y conflictos, se comprende que la utilización del voto secreto pueda ser, en determinadas circunstancias, un paso para la democratización de la vida interna.”

Crítica y autocrítica

Y además que “Siempre que se verifican deficiencias y errores, e independientemente de sus consecuencias, son indispensables la crítica y la autocrítica. El error es un mal; su repetición siempre es peor. En la lucha revolucionaria, tan importante como extraer la experiencia de los éxitos es extraer la práctica de las deficiencias, de los errores y de las derrotas. Los hechos demuestran que tanto organismos como cuadros están mucho más dispuestos para la crítica que para la autocrítica. Los procesos psicológicos que determinan que ciertos cuadros tengan mayor o menor dificultad en expresar una autocrítica son extremadamente diversos y complejos. No ayudan ni al mejoramiento del trabajo del Partido, ni a los organismos, ni a los cuadros, las críticas hechas en un tono violento, inquisitorial y destructivo, castigando y flagelando al organismo o camarada a quien se dirigen; críticas “sádicas” que revelan muchas veces defectos y tendencias autoritarias de quienes las hacen. Tampoco es deseable que se hagan autocríticas en que el autor se flagela a sí mismo en términos exagerados, concluyendo por un juicio global destructivo. Son autocríticas “masoquistas”, que revelan “autohumillación o falta de confianza en sí mismo.” 

La compleja tarea de dirigir

Continúa Álvaro Cunhal, afirmando que: “La elección de los organismos de dirección por las organizaciones respectivas es uno de los principios de la democracia interna. El trabajo de dirección es, por su naturaleza, sus funciones y sus competencias, el tipo de actividad partidaria más responsable y complejo, en cualquier nivel, o escalón, que sea. Es esencial que su ejercicio sea conforme con los principios orgánicos del Partido y, en particular, con el respeto a la democracia interna y con la concepción del trabajo colectivo. Es indispensable, para un correcto trabajo de dirección, el estrecho contacto con la organización, con los militantes y, siempre que sea posible, con los trabajadores democráticos sin partido. La existencia, no solo de la dirección colectiva sino del trabajo colectivo generalizado a todo el Partido, da mucha mayor seguridad a las decisiones de la Dirección. Pero esa seguridad resulta también de las cualidades reales de los dirigentes.

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