El XX Congreso del PCE, cerrado a finales del año 2017 fue un intento de recuperación del discurso marxista-leninista que se introdujo en los Estatutos sin ninguna consecuencia práctica posterior. En ningún momento la dirección entrante encabezada por Enrique Santigo y su corriente socialdemócrata, hicieron nada por poner en práctica una actuación acorde con los principios del marxismo-leninismo, que había sido abandonado varias décadas atrás en los estatutos del “noveno” Congreso del PCE de abril de 1978.
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Este congreso del PCE quizás sea trascendente, sobre todo porque la compleja situación estatal e internacional no puede dejar de manifestarse en un partido, que ha tenido un peso importante en la lucha contra la dictadura franquista, por su participación en una transición, sin ruptura democrática, que legitimó al franquismo y desmontó el sindicalismo de clase y, en las décadas posteriores, por haberse aferrado de manera exclusiva a las instituciones del aparato del estado burgués, ignorando la dirección del PCE la tarea fundamental revolucionaria que en el XX Congreso retoma formalmente la condición de organización marxista-leninista.
Todo parece apuntar a que en este XXII Congreso se decidirá a cara de perro si el PCE recupera la esencia revolucionaria que tuvo (o por lo menos contribuye a ello) con una nueva dirección acorde con esta naturaleza o bien mantendrá en sus puestos a los actuales dirigentes de la corriente reformista como uno más de los adornos decorativos del sistema capitalista y finalmente exhibido como la piedra Rosetta en el Museo de Londres; algo parecido a lo que le pasó al gran Partido Comunista Italiano.
Ya no se trata solo de reabrir el debate (autocrítica) de su implicación en el apuntalamiento de una democracia burguesa limitada y monárquica que renovó y embelleció a la misma oligarquía financiera que hizo fortuna bajo el franquismo. Ahora hay que constatar si la evolución posterior del PCE continúa dentro de la tendencia general del declive comunista en toda Europa occidental o provoca un giro de 180 grados que lo acerque a los partidos comunistas de Grecia, Bélgica, Portugal y Austria.
Lo que en todo momento hay que reconocerle a la militancia de base del PCE, pese a su dirección socialdemócrata, es su esfuerzo en reagrupar a militantes que buscan vías que conduzcan a una sociedad sin explotados y sin explotadores. Cabe recordar, no obstante, que el PCE en su conjunto contribuyó en la formación de un movimiento socio-político que se generó cuando el referéndum sobre la OTAN en 1986. De este mismo movimiento surgió Izquierda Unida que inicialmente fue concebido como un frente amplio contrario al capitalismo y antiimperialista. Pero no tardó en convertirse en un modus vivendis, en una nueva organización controlada por un aparato de dirección del PCE, netamente oportunista, que permitió que no pocos afiliados se desprendieran de la camisa comunista sin abandonar de momento el barco.
En el PCE siempre han existido escisiones que dieron lugar a la creación de otros partidos comunistas. Pero la caída de la URSS sumió a todo el mundo comunista en una crisis importante (incluso a aquellos partidos que teorizaban la restauración del capitalismo en la URSS). Sin embargo, el retroceso electoral del PCE fue frenado en parte durante el tiempo en el que Anguita estuvo al frente del PCE e IU. Durante ese lapso temporal se reincorporaron muchos camaradas de los que antes se habían escindido del PCE. Sin embargo, Anguita no solo no logró que el PCE volviera a ser una organización marxista-leninista, sino que, además, contribuyó a que sus siglas se difuminaran dentro de la la nueva entidad de Izquierda Unida, perdiendo gran visibilidad.
Durante los años 90 el PCE encabezado por Anguita sostuvo que el PP y PSOE representaban variantes de un mismo modelo económico neoliberal, y que IU debía mantener independencia respecto a ambos.
Cabe destacar, no obstante, la honestidad personal de Julio Anguita al jubilarse oficialmente en el año 1999 como maestro de escuela, renunciando voluntariamente por escrito a la pensión máxima vitalicia que le correspondía como exparlamentario para cobrar exclusivamente la de su profesión docente. ¿Conocemos que algún otro diputado/a haya hecho lo mismo?
A partir de finales de los 90 y sobre todo con la entrada del nuevo siglo, IU aminora el discurso de la calle y la movilización social y política y empieza, por el contrario, a priorizar acuerdos concretos de gestión en las instituciones del estado burgués, olvidando el activismo en la lucha de clases y en la recuperación de un verdadero sindicalismo combativo y revolucionario.
En Andalucía durante años colaboró parlamentaria o institucionalmente con gobiernos del PSOE. Entró formalmente en el gobierno andaluz en 2012 con José Antonio Griñán. En Cataluña participó en gobiernos tripartidos con socialistas y ERC, a través de EUiA e ICV, colaboró en los gobiernos autonómicos catalanes entre 2003 y 2010 formando parte de dos gobiernos tripartitos presididos por socialistas como Pasqual Maragall y José Montilla.
Con gobiernos compartidos en muchos ayuntamientos IU pasó a depender más de cargos públicos, gestión administrativa, negociación parlamentaria y menos de la movilización militante clásica, de intentos de construcción de contrapoder social, y de la confrontación ideológica contra las políticas neoliberales y de sumisión al imperialismo.
Como ya había ocurrido en 1982, este empecinamiento en girar hacia la política institucional, olvidando la movilización en la calle, condujo a un continuo descenso electoral en el que IU quedó electoralmente reducida a dos diputados estatales en el año 2015, pese a que desde 2011 fueron años de fuerte movilización social en las que participó de manera importante, pero sin desempeñar un papel políticamente orientador, ni clarificador. Movilización social que PODEMOS, mediante su particular “revolución de colores” y una composición mayoritaria de capas medias, reconduzco de nuevo hacia lo institucional y a falsas reivindicaciones identitarias, dañando de forma grave la conciencia de clase (sustituyendo a los explotadores y oprimidos con los de “”arriba y los de abajo”), Conformó alianzas con IU, para acabar engendrando SUMAR convertida ya en adorno decorativo para embellecer a un PSOE que, con alma neoliberal, sigue postulándose para gestionar un capitalismo que subsiste con cataplasmas.
¿Que se juega en este XXII Congreso del PCE?
Para sorpresa de muchos la candidatura alternativa a la dirección reformista del PCE en el año 2022 alcanzó el 46% del voto de los delegados en el fallido XXI Congreso. Agrupó principalmente al sector crítico del PCE: militantes y cuadros contrarios a la creciente institucionalización del partido, al abandono de la lucha de clases, críticos con la orientación hacia Sumar y partidarios de reforzar la autonomía, la militancia y el perfil comunista (revolucionario) propio del PCE frente a su dirección socialdemócrata. Entre ellos había partidarios de liquidar políticamente Izquierda Unida, y centrarse únicamente en la reconstrucción del Partido Comunista, pero también de priorizar a IU sobre el PCE.
Sin embargo, no existía una base ideológica clara, ni coordinación suficiente que les permitiera marcar distancias precisas con la política dictada por la exigua mayoría oficial. Finalmente, la candidatura alternativa fue derrotada por la mínima como consecuencia de las groseras irregularidades promovidas por el equipo de Enrique Santiago. Si hubiera sido un Congreso limpio, los oportunistas habrían sido los vencidos.
Con la corriente reformista controlando el aparato, en los siguientes años no ha habido más que una pésima política institucional parlamentaria y una escasa actuación movilizadora y menos aún revolucionaria.
Esta orientación política acomodada a la del gobierno del PSOE contrastaba con un cierto resurgir de movilizaciones unitarias de resistencia contra los recortes sociales en sanidad, educación, jubilación, el problema de la vivienda, y en otras luchas que afectan a sectores y empresas más concretas; así como en solidaridad con Palestina, contra el imperialismo, y el racismo. Eso no quiere decir que ni los militantes de IU ni del PCE se desvincularan de estas reivindicaciones políticas, incluida la lucha por la República. Su participación en la consulta monarquía o república celebrada el 14 de mayo de 2022 fue importante para mantener una coordinación estatal.
Por otra parte, después de la transición los grupos y partidos comunistas que, desde hace 60 años se fueron desgajando del PCE, no han conseguido influir lo más mínimo en la sociedad española; razón por la cual varios militantes fueron recuperados por el PCE en la apoca de Anguita. Años después, otros se aproximaron pragmáticamente al lenguaje “radical” de PODEMOS, aunque estaba claro desde el principio que, el horizonte político de dicho movimiento -y otros similares europeos- no sobrepasaba las reformas siempre dentro del mismo modo de producción capitalista. Aunque sí que canalizó inicialmente el desgaste de las instituciones y formas políticas de la democracia liberal.
El posterior desengaño con PODEMOS debido a su también a su particular contubernio con la socialdemocracia, dio lugar a la aparición de nuevos grupos de jóvenes comunistas, y redes -principalmente telemáticas- que intentan recuperar la tradición marxista-leninista.
EL XX Congreso del PCE
El XX Congreso del PCE, cerrado a finales del año 2017 fue un intento de recuperación del discurso marxista-leninista que se introdujo en los Estatutos sin ninguna consecuencia práctica posterior. En ningún momento la dirección entrante encabezada por Enrique Santigo y su corriente socialdemócrata, hicieron nada por poner en practica una actuación acorde con los principios del marxismo-leninismo, que había sido abandonado varias décadas atrás en los estatutos del “noveno” Congreso del PCE de abril de 1978.
Un partido comunista no cambia su esencia interna ni la dinámica exclusivamente institucional y formal que desde muchas décadas arrastra, con simples declaraciones de principios estatutarios. Hubiera sido necesario -por decirlo de alguna forma- una campaña de “bolchevización” interna del partido y una dirección que sintonizara con los principios del marxismo-leninismo. En la práctica el PCE siguió funcionando sobre las mismas vías en las que ya estaba colocado; con la diferencia que se generó cierto caos organizativo, y en algunas federaciones se amplió la brecha entre IU y el PCE. Finalmente, la tendencia que terminó consolidándose fue la oportunista, vinculada a la lógica de coaliciones amplias para la gestión parlamentaria, mientras que el sector que aspiraba a una reafirmación comunista no logró reconstruir por el momento una base militante suficientemente convencida de la importancia de la ideología de clase como cemento de unidad orgánica.
Además, aparte de que se incorporaron conceptos como marxismo-leninismo, dictadura del proletariado, o centralismo democrático, los análisis de coyuntura del XX Congreso no estudiaban suficientemente la transformación profunda que estaba sufriendo la clase obrera gracias a la revolución científico-técnica.
Desde fuera, nos da la impresión de que tal vez el fortalecimiento de las posiciones marxistas en el XX Congreso del PCE en 2017 fue en gran medida una reacción al temor de que la integración institucional junto a Podemos terminara diluyendo completamente la identidad comunista del partido. Sin embargo, esa reafirmación ideológica convivía con una práctica política cada vez más orientada hacia la institucionalización dentro del sistema, generando una contradicción estratégica que el Congreso no logró resolver.
Los pocos partidos comunistas europeos que mejor han resistido la ola anticomunista suelen haber conservado una identidad política propia clara y autónoma respecto a la socialdemocracia, y a la avalancha de los nuevos partidos de “izquierda” indefinidos ideológicamente como PODEMOS. Pero en el caso español, el PCE llegó al intento de reafirmación comunista del XX Congreso con una estructura organizativa y social mucho más debilitada que otros partidos como el KKE griego, el PCP portugués, y Partido del Trabajo de Bélgica; aunque este tiene su origen último en la división ideológica comunista de los años sesenta del siglo pasado.
Además, el intento de recuperación identitaria del PCE en el XX Congreso se produjo dentro de una dinámica institucional y electoral muy fuerte, condicionada por el todavía peso electoral de PODEMOS. Es decir, no se respiraba ya el mismo aire propenso a la revuelta de los años 2011 al 2015-2016.
El resultado de todo ello fue que el inicio del retroceso de PODEMOS no se tradujo en crecimiento de un PCE de orientación revolucionaria, sino en la aparición, por ahora, de algunos pequeños grupos y publicaciones comunistas en redes sociales.