Retorno al leninismo: el XX Congreso Nacional del Partido Comunista de España y sus grandes cambios e influencia

Aunque el PCE ha vuelto a plantear el leninismo, no ha realizado un retorno esencial al marxismo-leninismo, porque una verdadera restauración del marxismo-leninismo requeriría una serie de reflexiones y reconstrucciones teóricas: un análisis riguroso y una autocrítica de todo el período del eurocomunismo; el reconocimiento de la necesidad de la dictadura del proletariado y la crítica de la teoría gradualista de lograr el socialismo mediante la «profundización de la democracia» dentro del capitalismo; el reconocimiento de las condiciones materiales de la transición al socialismo y el reconocimiento de que los comunistas deben esforzarse por derrocar el capitalismo y construir el socialismo; la comprensión del imperialismo como la etapa más alta y última del capitalismo, y no simplemente como la política exterior agresiva de ciertas potencias imperialistas; el estudio en profundidad de la práctica de construcción de países socialistas como la Unión Soviética, la defensa de su enorme contribución a la causa de la clase obrera y de toda la humanidad, y la autocrítica de la experiencia antisoviética del propio PCE; la elaboración detallada de la estrategia revolucionaria contemporánea, el reconocimiento de la clase obrera como clase revolucionaria y la unión de la clase obrera con los numerosos movimientos sociales empeñados en derrocar el capitalismo; entre otras cuestiones.

Síguenos en Hojas de Debate

Como principal partido representante del «eurocomunismo», el Partido Comunista de España logró en su XX Congreso Nacional un importante giro ideológico y de estrategia teórica: recuperó el «leninismo» como pensamiento rector del partido y el «centralismo democrático» como principio organizativo, redefinió su posicionamiento en la alianza, propugnó explícitamente la «salida de España de la Unión Europea» y mostró una tendencia más activa hacia la lucha extraparlamentaria. Este congreso tiene el potencial de impulsar al PCE a retomar la política radical y ejercer una influencia importante sobre la orientación del conjunto del movimiento comunista occidental.

Una característica importante de la corriente del «eurocomunismo» surgida en los años 70 y 80 del siglo XX fue el abandono del leninismo como pensamiento rector, sustituyéndolo por el llamado marxismo «puro», el pensamiento de Marx o el socialismo científico. En la segunda fase del XX Congreso Nacional, celebrada en Madrid del 1 al 3 de diciembre de 2017, el Partido Comunista de España, uno de los partidos fundadores del «eurocomunismo», volvió a plantear el leninismo y el centralismo democrático (el PCE había abandonado formalmente el centralismo democrático en 1991). Este fue un ajuste de gran envergadura en lo ideológico y en los principios organizativos, cuarenta años después de que el partido eliminara la referencia al leninismo en su IX Congreso Nacional de 1978. Este cambio no solo presagia una variación de línea en la dirección de desarrollo del PCE, sino que incluso puede llegar a ejercer una influencia considerable sobre la orientación del movimiento comunista occidental.

I. El contexto de celebración del XX Congreso del PCE

El Partido Comunista de España es uno de los partidos comunistas occidentales que ha experimentado transformaciones más profundas. A partir de los años 60 del siglo XX, el entonces secretario general Santiago Carrillo impulsó el mantenimiento de la independencia del partido y la realización del socialismo a través de «vías democráticas y pacíficas», conduciendo al PCE por el camino del «eurocomunismo». El PCE, fiel al «eurocomunismo», logró un desarrollo revolucionario en la política parlamentaria tras el fin de la dictadura en España en 1977. Pero al entrar en los años 80, debido a las divergencias sobre la dirección de desarrollo del partido, el PCE sufrió una escisión que debilitó enormemente su capacidad organizativa y electoral. En 1986, para revertir el declive electoral, el PCE y otros pequeños partidos radicales de izquierda constituyeron una alianza electoral — «Izquierda Unida» (en adelante «IU») —; «IU» se registró posteriormente como partido formal y se convirtió en el principal vehículo de actividad política del PCE. En los más de 30 años siguientes, el PCE e «IU» atravesaron altibajos; hoy se enfrentan a múltiples dificultades y el desarrollo del partido avanza con dificultad, lo que se refleja especialmente en los siguientes aspectos.

El primero es la drástica caída del número de afiliados. El Partido Comunista de España llegó a contar con 200.000 afiliados en 1977; en 1980 había descendido a 130.000; a principios del colapso en Europa del Este y la Unión Soviética eran 37.000; en 2008 había 20.000; tras la crisis capitalista solo quedaban 8.830 afiliados. Aunque en esto intervienen factores objetivos como la normalización y centralización del archivo de afiliados del PCE y el recuento de los miembros que pagan sus cuotas, el continuo descenso y contracción de la fuerza organizativa del partido es un hecho innegable.

El segundo es que la «vía democrática y pacífica» se encuentra en un callejón sin salida. Tras la fundación de «IU», la práctica de la política parlamentaria del PCE presentó características de desarrollo claramente escalonadas. Gracias a la activa promoción de movimientos alternativos antineoliberales, en las elecciones parlamentarias nacionales de 1989, «IU» (a partir de entonces el PCE participó siempre en las elecciones a través de «IU») obtuvo el 9,1% de los votos, convirtiéndose de golpe en la tercera fuerza política de la escena política española. Durante casi los 10 años de la década de 1990, «IU» mantuvo un nivel de apoyo relativamente estable, llegando incluso a mostrar en un momento dado una tendencia de mejora sostenida. Pero desde finales de los años 90, y especialmente al entrar en el siglo XXI, su apoyo parlamentario cayó en picado: del 5,4% en 2000 al 4,9% en 2004, y al 3,8% en 2008; el PCE sufrió una enorme derrota. En 2008, tras la reestructuración de «IU», se reforzó la solidaridad en la alianza y, sumando el efecto de la crisis económica, el PCE e «IU» se convirtieron en los grandes ganadores de las elecciones parlamentarias nacionales de 2011, con un porcentaje de votos que casi se duplicó (del 3,8% al 6,9%). Pero al no haber sabido aprovechar plenamente el descontento popular ante la recesión económica y la crisis del sistema político, y ante la potente irrupción del partido «Podemos» — con un perfil de izquierda igualmente antineoliberal —, que redujo considerablemente el espacio político tradicional del PCE, este cayó pronto en una posición pasiva dentro de la política institucional. En las elecciones locales de primavera de 2015, «Podemos» superó ampliamente a «IU» en casi todas las circunscripciones, convirtiéndose en la mayor fuerza de izquierda radical de España. En las elecciones generales de diciembre del mismo año, «IU» intentó sin éxito alcanzar un acuerdo electoral con «Podemos» y volvió a caer al nivel de apoyo de 2008. En las elecciones generales de 2016, «Podemos» e «IU» formaron la coalición «Unidos Podemos», obteniendo conjuntamente un 21,7% de apoyo y 71 escaños, mientras que el PCE obtuvo solo 4 de ellos, quedando claramente en una posición secundaria y dependiente dentro de la coalición. Esta forma de alianza suscitó un gran rechazo dentro del PCE, que la consideró una alternativa carente de contenido real, que perseguía únicamente beneficios inmediatos, e instó a mantener la independencia, la integridad y la influencia política de «IU».

El tercero es que el PCE y «IU» como su principal forma de existencia se ven acosados por contradicciones internas y divisiones. Ya a principios de los años 90, dentro de «IU» existían contradicciones y pugnas entre la «izquierda», con el PCE como fuerza principal, y las fuerzas de derecha como la «nueva izquierda» y la «iniciativa catalanista». Dentro del PCE, los debates entre facciones y la lucha ideológica fueron también muy intensos; a principios del siglo XXI, las fuerzas mayoritarias del PCE se dividían en tres corrientes de fuerza equiparable. En los años siguientes, a medida que la política de «IU» se desplazó hacia la derecha, las contradicciones y conflictos dentro de «IU» se agudizaron aún más, llegando en un momento dado a enfrentarse a una división general a gran escala. Tras la reestructuración de «IU» en 2008, aunque la situación de escisión mejoró algo, dentro del PCE e IU siguen existiendo intensos debates entre la «corriente revolucionaria» y la «corriente moderada» en cuestiones de estrategia y táctica concretas, lo que les ha impedido continuamente fijar una dirección de desarrollo clara.

II. El PCE busca su transformación en el XX Congreso

Fue precisamente en este contexto en el que el Partido Comunista de España celebró su XX Congreso. El XX Congreso del PCE se desarrolló en dos fases. La primera fase tuvo lugar el 9 de abril de 2016, con la participación de 351 delegados de todo el país. Las principales tareas de la reunión fueron debatir la propuesta del PCE para la XI Asamblea Federal de «IU» que se celebraría en junio del mismo año, así como las relaciones del PCE con «IU» y otras fuerzas de izquierda, y la construcción de la unidad popular. En opinión del PCE, dado que la UE y la zona euro se asientan sobre valores capitalistas y sirven a los intereses del poder económico y financiero, siendo difíciles de reformar desde dentro, se planteó explícitamente la iniciativa de la «salida de España de la UE», instando a construir «otro plan de integración europea», «una alternativa anticapitalista», sobre la base de la recuperación de la soberanía política y económica nacional. Además, ante los insistentes llamamientos a la «reforma constitucional» (de la Constitución aprobada por referéndum en 1978) que resonaban en la escena política española desde la crisis económica, el PCE propugnó abrir un proceso constituyente acorde con una revolución democrática encaminada a construir un nuevo Estado, siendo el primer objetivo de la revolución democrática hacer frente a los problemas sociales de España y a su situación periférica en Europa, basándose principalmente en tres pilares: la soberanía nacional, los derechos del pueblo y el trabajo garantizado.

Esta reunión tuvo también un contenido muy importante: impulsar la transformación de «IU» de partido electoral a movimiento social. «IU» fue en sus orígenes una alianza electoral impulsada principalmente por el PCE para revertir su declive electoral. En 1992, aunque «IU» se registró públicamente como partido formal, desde los inicios de la primera asamblea federal su objetivo declarado no era ser un partido, sino «un movimiento político y social». A lo largo de su desarrollo, este objetivo fue distorsionado y «IU» se fue convirtiendo en gran medida en un partido político tradicional centrado en la participación electoral institucional. A partir de la tercera asamblea federal, las elecciones fueron reemplazando gradualmente a la movilización social como prioridad, y «IU» se transformó en un mecanismo político electoral. Esta transformación contradecía los propósitos fundacionales de «IU» y causó graves problemas en la práctica; por ello, la IX Asamblea Federal de 2009 planteó explícitamente la necesidad de recuperar organizativamente su identidad como movimiento político y social. Pero en la práctica, en los 8 años siguientes la transformación organizativa de «IU» no se realizó con fluidez, y el hecho de que las tasas de apoyo electoral de «IU» aumentaran en cierto momento interrumpió el proceso; las deficiencias en materia organizativa y de coordinación tampoco se resolvieron de raíz. Ante esta situación, el XX Congreso del PCE volvió a plantear la tarea de impulsar la transformación de «IU», comprometiéndose a desarrollarla como «un mecanismo de coordinación de participación directa, centrado en la acción social y más flexible, horizontal (y no vertical)»; al mismo tiempo, el PCE se comprometía a defender «IU» como «proceso de desarrollo y consolidación de la solidaridad popular más amplia, para convertirla en un espacio de acción de todos los que se oponen al sistema capitalista — sindicalistas, feministas, ecologistas y republicanos —, uniendo todas las fuerzas para construir un nuevo Estado».

Tras la primera fase, el PCE organizó y celebró la segunda fase del XX Congreso del partido del 1 al 3 de diciembre de 2017, atendiendo a los nuevos desarrollos y cambios de la situación social. La reunión desarrolló amplios debates y votaciones en torno a temas como el comunismo actual, el imperialismo del siglo XXI, el internacionalismo y la solidaridad, la UE y la zona euro, el papel del partido comunista en el movimiento obrero, la crisis del régimen español, la fractura de la democracia, la república federal y las propuestas políticas para construir la unidad popular. La reunión subrayó la necesidad de reforzar los vínculos con los partidos comunistas de otros países a través de los encuentros internacionales de partidos comunistas y otros foros, propugnó continuar profundizando en la estrategia de ruptura con la UE y la zona euro, potenciar el papel de los activistas en los sindicatos para reforzar el sindicalismo combativo y anticapitalista, y construir redes de difusión de la contracultura, entre otras propuestas. La reunión también eligió al abogado Enrique Santiago como único candidato a secretario general

III. La recuperación del leninismo: un importante ajuste ideológico y de estrategia organizativa del PCE

La recuperación del leninismo fue el punto central de la segunda fase del XX Congreso del PCE y el cambio ideológico más destacado y profundo del partido en los últimos años. En realidad, desde que el leninismo fue eliminado del pensamiento rector del partido a finales de los años 70, el debate sobre si era necesario restaurarlo nunca había cesado dentro del PCE. En los últimos años, a medida que la práctica de la política parlamentaria del PCE chocaba con obstáculos por doquier, las voces que pedían la restauración del leninismo fueron creciendo dentro del partido, especialmente en las organizaciones de base.

Por ejemplo, antes de la celebración del XX Congreso, el congreso local del PCE de Sevilla, celebrado en enero de 2016, debatió en profundidad esta cuestión. Los delegados presentes expresaron su preocupación por la dirección de desarrollo del PCE e «IU», declarando que la identidad de «IU» había quedado desgastada, que el PCE que practicaba el eurocomunismo se asemejaba cada vez más a «un grupo de presión secreto dentro de IU», y que el eurocomunismo se había convertido en una socialdemocracia de liberalismo progresista que no respaldaba en teoría al PSOE. Los delegados instaron unánimemente al PCE a realizar una reconstrucción organizativa e ideológica, a reconstruir «un partido de clase que merezca ser la vanguardia de la clase obrera y luche por la dictadura del proletariado en todos los ámbitos», retomando los ideales del fundador del partido José Díaz y de la luchadora antifranquista y «Pasionaria» Ibárruri. La reunión subrayó que la reconstrucción del PCE debía realizarse sobre la base de la ideología marxista-leninista y el principio organizativo del centralismo democrático, pasando de la estructura eurocomunista a una organización cohesionada como la del Partido Comunista de Portugal o el de Grecia, que sitúa la lucha de clases por encima del voto electoral. Y la razón por la que se propugnaba volver a adoptar el centralismo democrático era porque era el único modo de impedir que el PCE se convirtiera en un grupo de presión interno de «IU» y derivara hacia un think tank en la alianza con «Podemos», y también porque era necesario para llevar a cabo los indispensables debates teóricos y devolver el marxismo-leninismo al mundo possoviético para revivir el ideal comunista. La razón por la que se propugnaba volver a adoptar el marxismo-leninismo era porque era la única ideología capaz de llevar a la práctica las ideas del socialismo y el comunismo, el único método teórico y práctico capaz de hacer un análisis riguroso del mundo actual, y el que podía corregir el sectarismo y el caudillismo que afectaban actualmente al PCE e «IU». En definitiva, los delegados consideraron que si no se insistía en el marxismo-leninismo, el PCE desaparecería.

En cuanto a cómo valorar el eurocomunismo y entender el leninismo, los principales dirigentes actuales del PCE se inclinan en mayor medida por subrayar el mantenimiento del carácter radical del partido comunista, propugnando reconstruir el espíritu de lucha del partido, insistiendo en el papel de la movilización política callejera y en la vigencia del comunismo. El coordinador general de «IU», Garzón (Alberto Garzón), de 32 años, y el secretario general del PCE, Centella (José Luis Centella), expresaron esta postura en múltiples ocasiones. Por ejemplo, Garzón criticó duramente las políticas adoptadas por Carrillo durante la transición postdictatorial, considerando que el PCE fue «engañado» al creer que la Constitución de 1978 era «el camino hacia el socialismo», acusando al partido de haber adoptado erróneamente una estrategia conservadora e «institucionalista», convirtiéndose en una «izquierda domesticada» por el régimen, llegando incluso a comparar el «eurocomunismo» con el populismo de «Podemos», planteando que ambos habían cometido el error de la moderación. En algunas entrevistas concedidas al órgano de prensa del PCE El Mundo Obrero y otros medios, Centella señaló también que no solo el PCE, sino también el PC de Francia y el PC de Italia habían cometido el error de creer que era posible derrocar el capitalismo desde dentro del sistema; en ese período se redujo el papel de la lucha callejera y el parlamento se convirtió en el centro de la vida política. En los últimos años, el PCE tampoco había alcanzado el objetivo que se había fijado, es decir, ofrecer un programa de lucha democrática anticapitalista para construir un nuevo Estado. En realidad, en cuanto la izquierda abandona la lucha callejera y la movilización social como base de su acción política, se vuelve débil e indefensa. Centella rechazó explícitamente las múltiples afirmaciones sobre la muerte del comunismo, subrayando que, como ideal capaz de transformar el capitalismo en una nueva sociedad más justa, igualitaria y democrática, el comunismo es actualmente más válido que nunca. Naturalmente, esta vigencia debe basarse en un partido organizado. Uno de los grandes desafíos que afrontan hoy los partidos comunistas del mundo es transformar el ideal de la transformación en organización y acción política; y esta es precisamente la gran contribución del movimiento revolucionario de Lenin: su capacidad para transformar la teoría de Marx en acción concreta en momentos históricos cruciales.

Al mismo tiempo, en los debates actuales dentro del movimiento comunista internacional sobre la cuestión de las alianzas, Centella mostró una postura más pragmática, oponiéndose a la política de «clase contra clase» y propugnando la formación de alianzas con todas las fuerzas progresistas, incluidos los ecologistas, a nivel nacional e internacional sobre la base de programas de democracia y desarrollo social. Además, Centella también planteó la necesidad de cambiar el modelo de funcionamiento del partido formado tras 1975 para reforzar la dirección centralizada, subrayando la importancia de prestar más atención a la lucha sectorial e industrial, mantener la coherencia del trabajo del partido a nivel nacional, que el modelo de alianza no equivale a la fragmentación y las luchas internas, que los partidos regionales no son partidos independientes, y que las resoluciones adoptadas por el comité central del PCE deben servir de base para el trabajo de los partidos regionales.

Antes de la celebración oficial de la segunda fase, el PCE organizó amplios debates internos sobre numerosos temas. El ex coordinador general de IU, Cayo Lara, y 17 miembros del Comité Federal presentaron ante el Comité Permanente del partido un documento programático titulado Un partido de clase, instando a construir un partido de masas con amplias raíces sociales, un partido que encarne la hegemonía de la clase obrera, un partido como instrumento poderoso para construir el socialismo del siglo XXI, un partido con espíritu de lucha. Estos documentos fueron publicados en el sitio web del PCE y en el de El Mundo Obrero.

Impulsado por los diversos factores internos del partido, el XX Congreso del PCE alcanzó finalmente un consenso en materia ideológica, en los principios organizativos y en la estrategia y la táctica, realizando una serie de importantes giros que se manifiestan principalmente en los siguientes puntos.

Primero, la gran mayoría de los delegados aprobó por unanimidad la restauración del «marxismo-leninismo y el socialismo científico como base del análisis de la realidad y de la práctica política del partido». El PCE reconoció la contribución del leninismo al marxismo, subrayando que «Marx no concibió cómo tomar y gestionar el poder, mientras que Lenin proporcionó a la teoría de Marx la práctica política». Santiago señaló explícitamente que el leninismo «ayuda a definir nuestra ideología de manera cada vez más profunda, permitiendo a nuestro partido adaptarse mejor a los cambios del entorno» y que «somos herederos del marxismo-leninismo».

Segundo, la reunión decidió incorporar la estrella de cinco puntas, símbolo de la tradición de la clase obrera, al emblema del partido, para simbolizar la solidaridad de los trabajadores de los cinco continentes, reflejando al mismo tiempo el profundo cambio de la imagen del partido.

Tercero, se restableció el principio del centralismo democrático basado en la «disciplina consciente» y la «acción solidaria de los afiliados», concretando el retorno al leninismo. El centralismo democrático subraya que todos los afiliados deben respetar las decisiones mayoritarias adoptadas tras el debate democrático, superando así el actual modelo organizativo federal del PCE a escala nacional e iniciando un proceso de desarrollo más orientado hacia la centralización. En este congreso del partido hubo voces que cuestionaban la restauración del centralismo democrático. Ante ello, el PCE insistió en que esta forma organizativa no contradecía su compromiso histórico con la república federal, y logró que finalmente se aprobara.

Cuarto, se dio mayor relieve al espíritu de lucha del partido y a la importancia de desarrollar la lucha callejera antineoliberal. La reunión propuso llevar a cabo luchas callejeras contra el neoliberalismo y las políticas del Partido Popular, poner en la agenda la movilización social y los conflictos laborales, declarando que no solo se prestaría atención a la alianza electoral, sino que también se trabajaría por «desarrollar la lucha callejera extraparlamentaria antineoliberal», entre otras cuestiones.

IV. La reafirmación del leninismo en el PCE acelera la tendencia de «giro a la izquierda» del movimiento comunista occidental

Respecto a la nueva adopción del leninismo como bandera teórica del partido, hay tanto defensores y admiradores como observadores cautelosos. Algunos comentaristas consideran que el giro del PCE es la mejor conmemoración del centenario de la Revolución de Octubre. El secretario general de la Unión de Juventudes Comunistas de España, García (Xavier García), señaló así: «El XX Congreso del PCE quedará en la historia por su retorno al leninismo.» La sección andaluza del PCE apoyó calurosamente esta decisión del partido, calificándola de «momento histórico de recuperación de la definición ideológica del partido comunista en general» y declarando que «el leninismo ya no abandonará nuestra organización».

También hay quienes opinan que, aunque el PCE ha vuelto a plantear el leninismo, no ha realizado un retorno esencial al marxismo-leninismo, porque una verdadera restauración del marxismo-leninismo requeriría una serie de reflexiones y reconstrucciones teóricas: un análisis riguroso y una autocrítica de todo el período del eurocomunismo; el reconocimiento de la necesidad de la dictadura del proletariado y la crítica de la teoría gradualista de lograr el socialismo mediante la «profundización de la democracia» dentro del capitalismo; el reconocimiento de las condiciones materiales de la transición al socialismo y el reconocimiento de que los comunistas deben esforzarse por derrocar el capitalismo y construir el socialismo; la comprensión del imperialismo como la etapa más alta y última del capitalismo, y no simplemente como la política exterior agresiva de ciertas potencias imperialistas; el estudio en profundidad de la práctica de construcción de países socialistas como la Unión Soviética, la defensa de su enorme contribución a la causa de la clase obrera y de toda la humanidad, y la autocrítica de la experiencia antisoviética del propio PCE; la elaboración detallada de la estrategia revolucionaria contemporánea, el reconocimiento de la clase obrera como clase revolucionaria y la unión de la clase obrera con los numerosos movimientos sociales empeñados en derrocar el capitalismo; entre otras cuestiones.

Pero, en cualquier caso, la recuperación del leninismo es el ajuste ideológico más importante del PCE en casi 40 años. Como principal partido fundador del «eurocomunismo», la influencia del giro del PCE de «enterrar» el leninismo a izar de nuevo la bandera del leninismo es evidente.

Por un lado, esto puede desencadenar un cambio de línea en el desarrollo del partido, convirtiéndose en el punto de partida del retorno del PCE a la «política radical». Como es bien sabido, una razón importante por la que el «eurocomunismo» abandonó el leninismo fue que consideró que las ideas leninistas sobre la revolución proletaria y la dictadura del proletariado, aunque «aplicables a Rusia y a otros países en su momento, hoy han sido superadas y ya no son aplicables a los países capitalistas desarrollados de Europa Occidental». El «eurocomunismo» quería partir de la realidad europea para explorar una vía diferente a la Revolución Rusa, la de «avanzar hacia el socialismo en paz y libertad democrática». Bajo la guía de esta idea teórica, la conquista del poder estatal a través del parlamento se convirtió durante muchos años en el centro de gravedad del trabajo del PCE, y el espíritu de lucha radical propio de un partido comunista quedó enormemente debilitado. En el XVIII Congreso de 2009, el PCE propuso el concepto de «socialismo del siglo XXI» y construyó, con la democracia como núcleo, un modelo de desarrollo de transición del capitalismo real al comunismo; pero esta posición en términos generales no se apartó del hilo conductor del pensamiento del «eurocomunismo» y seguía siendo una continuación y expansión de la visión eurocomunista. El hecho de que este congreso restablezca la posición rectora del leninismo es evidentemente una importante corrección de su línea de pensamiento centrada durante mucho tiempo en la lucha parlamentaria. Aunque el PCE sigue subrayando que el giro hacia el leninismo no significa abandonar la vía de la conquista del poder estatal mediante las elecciones parlamentarias y que «la estrategia debe elaborarse según las circunstancias concretas», esto indica al menos que el PCE ya ha reconocido los evidentes problemas y carencias de la táctica parlamentarista y ha comenzado a corregirlos conscientemente, poniendo en la agenda la activación del espíritu de lucha de los afiliados, subrayando más la importancia del giro de la lucha parlamentaria hacia la atención a la política callejera, lo que aumenta considerablemente la posibilidad de que el PCE regrese a la tradición política radical.

Por otro lado, este cambio del PCE también puede contribuir a impulsar al movimiento comunista occidental más amplio en la búsqueda de nuevas direcciones de desarrollo. Tras el colapso en Europa del Este y la Unión Soviética, el movimiento comunista internacional cayó en un período de reflujo y los partidos comunistas occidentales se enfrentaron a enormes dificultades de desarrollo. Para hacer frente a la crisis, muchos partidos optaron por la reconstrucción teórica para lograr su propia transformación. En la práctica, estos intentos de transformación tomaron en su mayoría como guía la ruptura con la teoría tradicional: por ejemplo, pasando del «pleno reconocimiento» al «pleno rechazo» del modelo soviético; propugnando que los partidos comunistas pasaran de representar a la clase obrera a defender los intereses de toda la clase asalariada; pasando del centralismo democrático a modelos de construcción del partido más democratizados; pasando de subrayar el cambio en las relaciones de propiedad y la conquista del poder estatal a impulsar una transformación social global. En la práctica, estas reformas fueron en lo esencial infructuosas y la mayoría agravó las dificultades del partido, convirtiendo a muchos de ellos en fuerzas políticas cada vez más marginadas en sus respectivos países. Por ello, algunos partidos fueron revirtiendo gradualmente los ajustes realizados; a partir del siglo XXI, el Partido Comunista Francés modificó de forma apreciable algunas de las «transformaciones» del «nuevo comunismo» de los años 90 del siglo XX, distanciándose del Partido Socialista y subrayando el «centro del movimiento popular» en un intento de reconstruir la influencia del PCF. Y ante la continua escisión del partido y su incómoda situación en la política parlamentaria (sin haber podido entrar en el parlamento desde 2007 hasta la fecha), la Refundación Comunista de Italia retomó en 2013 la teoría del «socialismo del siglo XXI» propuesta por el partido en su X congreso, subrayando también en mayor medida la combinación orgánica de la pluralidad del partido con el fortalecimiento de sus fuerzas, y puso de relieve el papel de la lucha ideológica, política y social extraparlamentaria. En términos globales, el movimiento comunista occidental ha mostrado durante los últimos 10 años una tendencia de «giro a la izquierda» sostenida. Y la recuperación del leninismo en el XX Congreso del PCE tiene muchas posibilidades de convertirse en un punto de ruptura que impulse un cambio fundamental, tanto teórico como práctico, en el movimiento comunista occidental actual.

Otras noticias