David Fuente, doctorando en teoría marxista en la Universidad Jiaotong de Xi’an
A finales de 2025 se ha publicado el artículo, firmado por el camarada Pineda, Sectarismo purista o alianza antifascista: lecciones históricas ante el avance del fascismo. Ante las elecciones venideras, busca afrontar “el avance de fuerzas reaccionarias y neofascistas y […] la persistente fragmentación de las izquierdas”. Para reflexionar, extrae lecciones de la experiencia de la Internacional Comunista durante los años 20 y 30.
En mi opinión, este artículo tiene algunas ausencias importantes y varias reinterpretaciones a corregir.
El marxismo recuerda que la práctica es el criterio de la verdad. Para evaluar si obramos correctamente, no basta con buscar en el pasado alguna situación parecida y validar con ello la acción presente. Hemos de evaluar el impacto de nuestra práctica: si prosperan o no la conciencia y organización comunistas, de lo cual depende que nuestro partido sea cada vez más capaz de avanzar hacia el objetivo que interesa a la mayoría social o se estanque o incluso debilite.
El artículo firmado por el camarada Pineda no nos ayuda demasiado en esto. Insiste solo en el problema del sectarismo izquierdista del pasado y el presente, pero deja de lado los problemas de oportunismo de derecha. Sobre este también extrajo aprendizajes la Internacional Comunista y en la actualidad las conclusiones al respecto aún son aleccionadoras.
En el informe de 1935 sobre la lucha contra el fascismo, Dimitrov resumió una mala experiencia de los comunistas en un gobierno reciente:
“En 1923, pudo verse, en Sajonia y Turingia, un cuadro elocuente de la práctica oportunista derechista de un ‘gobierno obrero’. La entrada de los comunistas en el gobierno de Sajonia, con los socialdemócratas de izquierda (grupo Zeigner), no era de por sí un error. Por el contrario, este paso estaba completamente justificado por la situación revolucionaria de Alemania. Pero los comunistas, al participar en el gobierno, tenían que haberse aprovechado de sus posiciones, ante todo para armar al proletariado, y no lo hicieron. Ni siquiera confiscaron una sola de las casas de los ricos, a pesar de que la escasez de viviendas obreras era tan grande, que muchos obreros, con mujer e hijos, no tenían donde cobijarse. Tampoco emprendieron nada para organizar el movimiento revolucionario de masas de los obreros. Procedieron en todo momento como los habituales ministros parlamentarios dentro del ‘marco de la democracia burguesa’. […] El resultado de todo esto fue una tal bancarrota que, incluso hoy, nos vemos obligados a referirnos al gobierno de Sajonia como ejemplo clásico de cómo no deben actuar los revolucionarios en el gobierno”.
Para evitar esta y otras situaciones, Dimitrov expuso en su informe tres series de errores sobre la presencia de comunistas en un gobierno:
- La primera serie se debió a no haber enlazado la formación de un “gobierno obrero” con la presencia de una crisis política. Los ultraizquierdistas consideraban que tal gobierno solo era legítimo después de una insurrección armada que derrocara a la burguesía. Pero Dimitrov también criticó el error inverso: “los oportunistas de derecha pudieron interpretar la cosa en el sentido de que había que aspirar a la formación de un gobierno obrero, apoyado por el Partido Comunista, en cualquier situación, por decirlo así, ‘normal’”. Ambos errores debilitaron a los partidos comunistas. Dimitrov llamó a “tener en cuenta exactamente las condiciones concretas y particulares de la crisis política y del ascenso del movimiento de masas, bajo las cuales puede ser posible y políticamente necesaria la formación de un gobierno del frente único”. Sin tales condiciones, el partido comunista se vería atado a un gobierno que gestiona el capitalismo, incapacitado para fortalecer la organización obrera y el partido. Pensemos, a 2026: ¿es esta reflexión útil entender nuestra actual situación?
- “La segunda serie de errores” radicó en que el gobierno obrero no se había enlazado con el desarrollo y lucha unida del movimiento combativo de masas. “Esto dio a los oportunistas de derecha la posibilidad de tergiversar el problema y reducirlo a la táctica sin principios de la formación de un bloque con los partidos socialdemócratas, a base de combinaciones puramente parlamentarias”. A 2026, parece legítimo que reflexionemos si, por debilidad o falta de perspectiva, no nos hemos lanzado en ocasiones a combinaciones puramente parlamentarias. Cuando, a posteriori, aludimos a la necesidad de unir la lucha institucional y la lucha en la calle, hay que cotejar si afirmación no es mera retórica. Podríamos estar haciendo declaraciones justas pero obrando incorrectamente, perdiendo posiciones y sirviendo a estrategias ajenas.
- “La tercera serie de conceptos erróneos” era sobre la actividad del “gobierno obrero”. “Los oportunistas de derecha opinaban que el ‘gobierno obrero’ debía mantenerse dentro del ‘marco de la democracia burguesa’ y, por consiguiente, no debía dar ningún paso que se saliese de este marco”. A 2026 comprobamos que un gobierno no obrero anula toda opción de superar ese marco. Si además no criticamos la democracia burguesa, misma que amplios sectores de la población perciben como falsa, estaremos dispersando fuerzas populares, en vez de reuniéndolas. Por ejemplo, Dimitrov explicó que la victoria sobre el fascismo dependía de “la justa política de la clase obrera respecto al campesinado y a las masas pequeñoburguesas de la ciudad”. Sabemos que la demagogia reaccionaria tiene como uno de sus objetivos la captación de los trabajadores autónomos. ¿Nos apela este error que Dimitrov recriminaba a la socialdemocracia: “El campesino veía desfilar por el poder una serie de gobiernos socialdemócratas, que personificaban a sus ojos el poder de la clase obrera, pero ninguno de ellos satisfacía las necesidades de los campesinos, ninguno de ellos les entregó la tierra”? Entonces obreros agrícolas alemanes se pasaron a organizaciones fascistas. ¿Es posible que nuestra labor esté impidiendo que prospere la perspectiva revolucionaria de los problemas vigentes y que la frustración generada por la socialdemocracia sea fácilmente instrumentalizada por la ultraderecha?

Hay otras tres importantes cuestiones que Dimitrov indicó en 1935. También nos sirven como espejo:
- En primer lugar, “no se debe perder de vista que la táctica del frente único es un método para persuadir palpablemente a los obreros socialdemócratas de la justeza de la política comunista y de la falsedad de la política reformista”. A 2026 podemos preguntarnos: ¿estamos aplicando esta lección? ¿Estamos mostrando la falsedad de la política reformista o, quizá, sin darnos del todo cuenta, estamos tratando de depositar la confianza de los y las trabajadoras en ella, sin que surta ni pueda surtir efecto?
- En segundo lugar, impedir la victoria del fascismo, según Dimitrov, depende “ante todo” de “la actitud combativa de la propia clase obrera, de la cohesión de sus fuerzas en un ejército combatiente que luche unido contra la ofensiva del capital y del fascismo. El proletariado, al establecer su unidad de lucha, paralizaría la influencia del fascismo sobre los campesinos, sobre la pequeña burguesía urbana, sobre la juventud y los intelectuales”. A 2026 constatamos que las posiciones reaccionarias vienen proliferando. Podría parecer que una tendencia común en nuestro continente es irresistible, pero no hay que descartar tan rápido la hipótesis de que en varios países occidentales pueda estar errando con una táctica comunista similar. Ya la enorme mayoría de los partidos obreros europeos fallaron ante la Primera Guerra Mundial.
- En tercer lugar, Dimitrov dijo que también es necesaria: “la existencia de un fuerte partido revolucionario que sepa dirigir acertadamente la lucha de los trabajadores contra el fascismo. Un partido que exhorte sistemáticamente a los obreros a retroceder ante el fascismo y permite a la burguesía fascista consolidar sus posiciones, es un partido que conduce a los obreros inevitablemente a la derrota”. ¿Nuestra práctica está forjando un partido fuerte?. Desde luego, no exhortamos a retroceder ante el fascismo. Pero si el partido es cada vez más débil y los sectores reaccionarios consolidan sus posiciones, parece que la derrota será igualmente inevitable. ¿Hay algo en nuestra práctica que redunde en la debilidad del partido? ¿Es nuestra línea del todo correcta y no hay fuerzas en la sociedad española para un partido comunista más fuerte? ¿O, por el contrario, algo en nuestro enfoque hace que sectores combativos se alejen de nosotros y que no logremos acercar a nuevas personas el proyecto comunista?
Como se puede apreciar, las lecciones que nos ofrece el VII Congreso de la Internacional Comunista son mucho más profundas que la idea de evitar “dividir a la izquierda”. Dimitrov nos dibujó un cuadro de conjunto: “El fascismo pudo llegar al poder, ante todo, porque la clase obrera, gracias a la política de colaboración de clase con la burguesía, practicada por los jefes de la socialdemocracia, se hallaba escindida, política y orgánicamente desarmada frente a la burguesía que despliega su ofensiva, y los partidos comunistas no eran lo suficientemente fuertes para poner en pie a las masas y conducirlas a la lucha decisiva contra el fascismo, sin la socialdemocracia y contra ella”.
No todos los peligros son el ultraizquierdismo. Tal vez debamos reconocer que, en la mayoría de partidos comunistas de Occidente, no prima este mal, sino la inercia a ablandarse y adaptarse. Pero podemos mirar nuestras debilidades con realismo y resolverlas. Podemos desesclavizarnos de nuestros errores y volverlos pasajeros.
No debemos ser indiferentes ante un posible gobierno de PP y Vox. Mientras lo evitamos, es crucial encontrar la vía para que el comunismo sea una fuerza creciente. De otro modo, nuestra práctica estará cada vez más lejos de liberación de la humanidad y nunca lograremos dar un paso hacia delante.
El debate no es “o clase contra clase o frente popular”, sino qué actividad prueba su potencia en la práctica. La tarea es realizar una verdadera unión de las fuerzas populares, a través de la cual el movimiento comunista vuelva a ser una fuerza relevante en nuestro país.
Esto exige rectificaciones presentes y correcta comprensión de la historia. Aquí está el otro gran problema del artículo del camarada Pineda.
El texto da por buena la tesis de que, con el concepto de “socialfascismo”, la Internacional Comunista casi ayudó al ascenso del fascismo. Pero esto es falso. En primer lugar, Mussolini se había hecho con el poder siete años antes. En segundo lugar, el concepto de “socialfascismo” apareció cuando la socialdemocracia alemana, controlando los ministerios de policía del Gobierno central y de varios Länder (según el año) había sido la responsable, no solo de la muerte de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo (a inicios de 1919), sino también de muertos y encarcelados en la represión del 1º de mayo de 1929 (cuya celebración habían prohibido). Ese acontecimiento desencadenó el uso del concepto “socialfascismo” en la IC; un error, no sin fundamento, que posteriormente se debatió y rectificó. En tercer lugar, fue la socialdemocracia la que en 1932 llamó a votar a Paul von Hindenburg para Presidente de la República, tras rechazar la propuesta de un candidato conjunto con los comunistas, mientras los comunistas lanzaban la consigna electoral: “Quien vota Hindenburg vota Hitler; quien vota Hitler vota guerra”. Hindenburg tardó unos pocos meses en nombrar a Hitler canciller. En cuarto lugar, la socialdemocracia rechazó siempre los ofrecimientos de colaboración contra el nazismo que les hicieron los comunistas, incluso después del ascenso de Hitler en 1933 y ya en la clandestinidad.
Dimitrov concluyó que el fascismo venció en Alemania por la negativa de “los jefes de la socialdemocracia a poner fin a su cruzada contra los comunistas y [a] aceptar las reiteradas proposiciones del Partido Comunista sobre la unidad de acción contra el fascismo”.
Hace falta una mejor evaluación de la historia y del presente que la ofrecida por el cámara Pineda. Solo así podremos construir un futuro fuerte para el comunismo en nuestro país y una alianza que enfrente de veras la amenaza de la reacción.